Satan & Adam, blues agridulce

Un buen filme debe dejar en el espectador una ganancia espiritual, o al menos provocar la búsqueda de respuestas a las interrogantes que plantea.

Si ello es cierto el documental Satan & Adam de V. Scott Balcerek es una buena película.

La cinta es resultado de la atención (probablemente de forma intermitente) que Balcerek prestó a la historia singular de 2 hombres muy diferentes unidos por la música.

Se trata de Sterling “Mr. Satan” Magee un guitarrista negro de blues y Adam Gussow, un blanco judío graduado de Universidad de Princenton que tocaba la armónica.

Ambos se convirtieron en una atracción musical en las calles de Harlem, cerca del famoso teatro Apollo.

Las grabaciones de estos dos músicos en el documental de Balcerek permiten escuchar a un extraordinario guitarrista y autor de blues.

Gussow, por su parte, llegó a interpretar la armónica con un nivel bastante decente.

Blues en la calle

La historia del dúo comenzó en 1986, refiere Gussow, cuando este newyorkino frustrado y decepcionado le pide a Satanás permiso para tocar junto a él en la acera.

Satanás en realidad era Sterling Magee, un músico que había grabado con grandes intérpretes como James Brown y Marvin Gaye y para el sello de Ray Charles.

Por razones no del todo claras Magee se vuelve Satan y cambia el estudio por las calles de Harlem.

Allí se estableció como una atracción local convertido en hombre orquesta.

El dúo vivió un gran momento luego de un encuentro casual en 1988 con miembros de la banda U2 mientras filmaban el documental Rattle and Hum realizado por Phil Joanou.

Olvidado por Dios y por el diablo

Un fragmento de una canción de Magee se incorporó al disco de U2 del mismo nombre.

A partir de allí llovieron contratos para actuaciones y discos.

Pero en 1998 sorpresivamente Satan desaparece y Gussow regresa a su vida de profesor universitario y escritor.

El documentalista logra encontrar años después a Satan, olvidado por Dios y  por el diablo y propicia un reencuentro con Gussow.

El dúo vuelve a vivir un relativo esplendor y es recibido otra vez con aplausos en sus nuevas presentaciones.

Aunque con algunas lagunas (sobre todo relativas a la vida de Gussow) el filme propicia algunas consideraciones.

Blues, melancolía y tristeza

Tal vez la primera sea la esencia misma del blues. ¿Es una música que implica sentimiento y sufrimiento?.

Otra es el tema racial. Un negro de Mississippi y un blanco judío de Nueva York se apartan de todos prejuicios en un momento muy difícil para los vínculos raciales en Estados Unidos.

La historia de Satan & Adam nos hace pensar hasta qué punto es antinatural esa separación racial impuesta en muchas sociedades.

Y una tercera: la (¿infinita?) capacidad del ser humano para recuperarse después de una y otra caída.

Quizás el espectador se quede pensando también en el poder la música y lo que representa en la vida del Hombre.

El filme de 1 hora y 20 minutos (en cines desde abril de 2019 y desde poco después en plataformas de streaming) es un regalo preciado para los melómanos.

Miguel Lozano/UnaPalabraSite

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